Reflexiones de una abogada el día de la huelga feminista

Estas líneas son algo más que meras observaciones, son sencillamente la expresión de experiencias vividas.

¿Puede esto tener interés para alguien? Creo que sí y esa es la razón de estas líneas.

Tengo por mi profesión de abogada una vocación multiplicada a la de hace años, mantengo el entusiasmo y la ilusión del inicio a pesar de las dificultades, si bien, confieso que a lo largo de la misma he vivido varias situaciones que plasman las desigualdades de trato que aún existen en la profesión.

Recuerdo, por lo gráfico de la misma, una de mis primeras actuaciones en los tribunales en las que, con anterioridad a la vista, el procurador, hombre de gran cortesía, tuvo la deferencia de presentarme al abogado contrario, cincuentón y con una larga trayectoria, la conversación en esencia se desarrolló en los siguientes términos:

Procurador: “Te presento a Arancha, la abogada del despacho que va a asistir a la vista”.

El único comentario que recibí por parte del profesional fue: “muy guapa”. Por suerte gané aquel juicio y pude olvidar el mal sabor de boca que me dejó aquel “halago”.

                En otra ocasión, sentada en sala, en una demarcación no habitual, al concederme el turno de palabra el magistrado se dirigió al procurador en lugar de a mí, excusándose a posteriori en la creencia de que yo no era la abogada sino la procuradora.

                La siguiente experiencia trascurrió unos años después y fue más que meramente anecdótica. Dos meses después de dar a luz a mi hijo (dentro de la baja maternal), recibo una llamada del despacho en el que prestaba mis servicios desde hacía 5 años por aquel entonces para comunicarme que no era necesario que me reincorporase. El despacho lo regentaban dos conocidos catedráticos de universidad, si bien todos sus años de estudio no les impidieron tomar una decisión contraria a derecho.

La huelga feminista es necesaria para que se sienta y se sepa cómo sería el día a día del mundo sin el trabajo de las mujeres.

                Constantemente se me pregunta que si trabajo en el mismo despacho que mi marido ¿quién cuida de nuestro hijo? Cuando esta pregunta nunca se la dirigen a él.

                Conozco varias compañeras que trabajan en grandes despachos que sufren una discriminación salarial con respecto a sus compañeros varones, la realidad es que, a pesar de que somos mayoría en la Universidad, también existe ese techo de cristal en la abogacía, en especial a nivel institucional, no accediendo hasta el año 2016 la primera mujer a la presidencia del Consejo General de la Abogacía Española, Dña. Victoria Ortega Benito. En cambio, a fecha de hoy ninguna mujer ha presidido el Tribunal Supremo ni el Consejo General del Poder Judicial, cuando con toda seguridad muchas reúnen méritos para ello. Queda mucho camino por recorrer y por eso este 8 de marzo, día de huelga feminista es tan necesario.

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